Horacio Vazquez Rial(...) Heisenberg estableció, para las ciencias duras, que la mera presencia de un observador altera las experiencias de laboratorio. Las llamadas ciencias blandas, sociales o del hombre, en cuyo marco se debe escribir la Historia, se construyen casi exclusivamente sobre la experiencia del observador. Quien, además, es un narrador, con todo lo que ello implica: subjetividad, punto de vista, selección de escenas o momentos mas o menos importantes y, por supuesto, ideología.(...) Y es que la historia no es una sucesión de acontecimientos, sino un relato; bien que de acontecimientos del pasado pero escogidos con criterios del presente.
Todo esto me parecería un asunto especulativo y vano, de no ser por que narrar es imponer un orden a lo real, y ese orden, como mencione de pasada mas arriba, es ideológico. No importa de que ideología se trate, aunque en estos días nos hayamos enfrentado al caso de Williamson, flagrante negacionista del Shoah, que debería habernos alertado a todos, no sobre su pensamiento, sino sobre el nuestro; por que si existe una historia en la que es posible negar determinados hechos, todos corremos el riesgo de hacer lo mismo en mas de un momento.
De ahí que descrea de la expresión “memoria histórica” y de la practica de ella derivada, o hablamos de memoria, que es un proceso individual, selectivo y lleno de olvido, por que sin olvido no seria posible vivir, o hablamos de historia, que es algo del todo distinto: un proceso colectivo, de estudio y acumulación, en el que tiene un papel central la lucha contra el olvido.(...)
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Según el autor de esta nota, el pasado y el presente son agentes de múltiples variables. Pero es preciso entender, que algunos de estos personajes poseen mayor poder sobre los medios que, además de distribuir información, producen consenso en la sociedad.
El primero de diciembre de 2004 el Centro Cultural Recoleta montó la muestra retrospectiva de la obra de León Ferrari. Ese mismo día el cardenal Jorge Bergoglio publicó una carta señalando a la exposición como blasfema y tres días después un grupo de personas ingresó a la sala y dañaron una obra.
“No fue la primera vez que esos grupos católicos actuaron contra muestras mías. (…) Son muestras de los peligros de los postulados de la Iglesia Católica. Llegan a decir que los pecadores y los no creyentes nos vamos a quemar en el infierno. Sin embargo, su peor actitud es el antisemitismo, que sigue vigente. En la liturgia, donde están los versículos que se leen cada día, hay cinco de Pedro que afirman que los judíos mataron a Jesús. Y en Semana Santa se siguen leyendo. Algunos curas progresistas no los leerán, pero el antisemitismo sigue institucionalizado y promovido”
El libro
El caso Ferrari. Arte, censura y libertad de expresión en la retrospectiva de León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta, 2004-2005. fue editado a fines de 2008 e incluye los fallos judiciales, los correos de apoyo, opiniones registradas en el libro de visitas, fotografías y numerosos artículos de prensa.
Dice Andrea Giunta en el prólogo: « el caso Ferrari fue un caso inédito: (…) Nunca antes una muestra concitó debates o expresiones públicas capaces de afectar esferas tan diversas (artística, religiosa, política, jurídica) o de comprometer la palabra tantos artistas e intelectuales de la Argentina y del exterior (…)».
“Creo que Bergoglio fue el mejor publicista de la muestra, le estoy muy agradecido por eso”, comenta Ferrari
Es común recurrir a nuestra capacidad de negar u olvidar la historia. Pero pocas veces como esta, se puede hacer historia desde el hecho de la negación o el rechazo. Quizás, el acto mas vanguardista de la trayectoria de León Ferrari fue ese atentado en contra de su obra por parte de grupos ultra católicos de derecha y todo el revuelo que suscito ese hecho.